NO ES FACIL

No es fácil. El poder de la calumnia, parte de su razón de ser, es la obligación que genera en los justos de ser rebatida. En cualquier batalla, desde los primeros escritos de Szun Tzu, los combatientes conocen que los recursos del adversario y su desgaste en el tiempo son los que vertebran gran parte del resultado. Esto es válido también para las disputas intelectuales y sociales, tanto más cuanto mas valioso es el objetivo o cuanto mas fundamental debe ser el logro. No sirven las escaramuzas, los objetivos tardan más en alcanzarse y en caer.

Y digo que no es fácil, porque algún hostigador de mentalidad anacrónica pero grandes recursos, ha conseguido instalar en nuestra modernísima (por lo ridícula) mentalidad de lo social, ciertas ideas que fallan a cualquier prueba de sentido común, o de análisis humano, o de reconocimiento de lo pernicioso de sus efectos, o hasta de amor (por favor, no se rían, sé de qué hablo). Lo absolutamente paradójico es que los actores sociales tarden tanto tiempo en revertirlo. Esa inercia de las masas es la herramienta de los hostigadores. Claro que ese impacto sólo es proporcional a la mojigatería de los espectadores (o sea, todos), que hacen oídos sordos a un fenómeno del que no están excluidos. Nadie. Ni ellos ni ellas.

Una vez institucionalizada la estupidez, no queda más solución que refrendar lo obvio. Más gráficamente: en ingeniería, para describir el comportamiento de ciertos sistemas, hablamos de subidas en rampa y bajadas no lineales, o exponenciales. Es decir, se tarda cien veces más en deshacer el fenónemo que en provocarlo. Exactamente igual que con la artificiosa criminalización del hombre, hoy, y aquí.

No es fácil. Pero es inevitable. Es in-e-vi-ta-ble. No hay suficiente fuerza ni intereses para que la masa de la que todos somos parte se revuelva y devore los gérmenes –una minoría- que enferman a la mayoría. Como siempre ha pasado en la historia. Por eso, cada palanca que sugiera un retorno a la normalidad cuenta. Cada expiración de cansancio o de hastío que ponga en evidencia que hay que explicar lo natural por derecho es bienvenida. Cada brazo que se eleve y reclame la atención hará que otros cien se pregunten qué o quién nos ha robado esa normalidad.

Se ha publicado una Sentencia del Juzgado 4 de lo Penal de Pamplona ,(páginas 6 y 7) por un presunto delito de maltrato de una mujer sobre un hombre, según el trámite de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que verbaliza algo tan sencillo como que esta sociedad y sus hombres y mujeres, vivimos sometidos. Sometidos a la inquina de esa ideología –rancia de podredumbre- que ha llegado a dominar muchos de nuestros tribunales de Justicia. Fíjense si no en los comentarios del juez sobre los intentos de manipulación de la mujer y su defensa a través de informes psicológicos, hasta ek punto de considerarlos punibles por sí mismos. Se esperaría que los defensores del Estado, los padres de la Patria, los que se dejaron el hollejo en la lucha por las libertades y los que cada día siguen haciéndolo, dijeran un “basta, por favor”. Algunos sí que lo hacen. Y lo racional de su comportamiento es la mayor palanca para que esta sociedad digiera su enfermedad.

Tardaremos, esto es seguro, al menos una generación en revertir el dolor que la actual Ley Integral de Violencia de Género y su aplicación está causando en la Familia –en la Institución con mayúsculas, me refiero- en nuestros hijos, en nuestros padres y hermanos, en nuestras empresas, en nuestros educadores, en nuestros servicios sociales. Pero los que dicen que gobiernan en mi nombre –y en el tuyo, lector- fomentan el clima de adversidad incitando a que se denuncie por “violencia de género” (Pero cuidado, sólo de uno de los dos géneros…) La aberración consiste en que la denuncia es el fin, no el medio, desde el momento en que es gratis para quien la ejecuta y que lo que se pretende es que ya solo importe que la maquinaria se sostenga. Lo que no importa, empero, es que se formalice el abuso. Ni la brecha social que se pretende abrir al estigmatizar a los hombres. ¿Y los niños? ¿Y los abuelos? ¿Es acaso también necesario mostrar su sufrimiento? ¿Realmente, en qué lado están las víctimas de las falsas denuncias? Y, ¿cuántos lados hay?

Solo algunos de los que ahora pueden hacerlo, deciden parar la maquinaria. Lo racional de esta decisión judicial es que descubre con soberana claridad que en la instrumentalizada violencia de género también entran las mujeres como agresoras, con lo que “según las leyes de la lógica”, como indica el propio juez, queda acreditado que NO es un fenónemo del hombre hacia la mujer, sino que se produce en ambos sentidos,  Y, por favor, que nadie me esgrima el argumento del número en uno y otro lado, porque tendré que repetir que de las 121 muertes reconocidas por el Servicio de Inspección del Consejo General del Poder Judicial en 2008, 31 de ellas, un 26% del total fueron del sexo masculino, siendo la mujer la agresora en un 11,4% de los casos. Y tendré que volver a cabrearme defendiendo la obviedad de que una vida es una vida, y que el dolor por una muerte no entiende de sexos, y tendré que volver a decirle a todo el que me cruce por la calle si está de acuerdo en que una muerte de un hombre vale menos que una muerte de una mujer. No hay nada tan salvajemente antidemocrático y antihumano. ¿Qué dirán todos los que han creado este monstruo, empezando por nuestro más que sustituible e hipócrita ministerio de igualdad, cuando vean que alguien demuestra que su intento de generar desigualdad es baldío? (Otro día hablaré de esa paradoja,, la del ministerio..)

Lean la sentencia. Podría decir que es valiente, pero sosegada, clara, pero contundente. Pero solo diré que es simple y llanamente un retorno a esa igualdad robada… aunque sea lamentable que haya que demostrar la igualdad hasta en la comisión de delitos. Seguro que Szun Tzu nunca pensó en ejércitos de mujeres contra hombres…

Para mis hijas.